La muerte, disfrazada de puta, se mete en nuestra cama, nos folla con locura; se monta encima nuestro hasta darnos ese orgasmo definitivo; su precio es nuestra vida y su consuelo es el placer de un trabajo terminado. Nos mira sonriendo, mientras fuma un cigarrillo, a la espera de un nuevo cliente…

Curiosa reflexión. Me ha gustado mucho. Besotes :)
ResponderEliminarGracias Maya, siempre un placer tus reflexiones. Besos. ;)
ResponderEliminarGracias man; lo tengo un poco descuidado, pero pronto estare actualizando con nuevos escritos.
ResponderEliminarAbrazo.